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Aportaciones de la alquimia a la Ciencia

camelotDe acuerdo: los alquimistas nunca consiguieron la piedra filosofal, ni transmutar el plomo en oro, ni el elixir de la eterna juventud. Y si alguno lo consiguió, se guardó para sí mismo el secreto, lo que tampoco es de extrañar teniendo en cuenta que su diculgación convertiría al descubridor en esclavo de los poderosos. ¿Dejarías tú escapar de tu reino a un tipo que puede fabricar oro? Por supuesto que no. De eso habla el Monje Laskaris, una magnífica obra de Gustav Meyrink, y no quiero estropearle a nadie el placer de leerla.

En cualquier caso, el deseo de conocimiento nunca es tiempo perdido y la alquimia, al intentar toda suerte de transformaciones y combinaciones entre toda clase de sustancias minerales u orgánicas y tratar de forzar intentar las transmutaciones, prestó un servicio muy positivo al desarrollo de las ideas científicas, particularmente de la Química, contribuyendo a establecer el concepto de elemento, delimitando las transformaciones irrealizables mediante operaciones de laboratorio, y contribuyendo al diseños, perfeccionamiento y desarrollo de aparatos tales como hornos, baños, decantaciones,  alambiques, serpentines, retortas, pelicanos, y otras muchos elemento de laboratorio que luego los científicos pudieron utilizar en sus trabajos.

Asimismo, los alquimistas lograron aislar y siontetizar numerosos compuestos químicos. Los resultados negativos de las experiencias de transmutación cuando se intentaron sobre un elemento condujeron, en definitiva, al establecimiento, como principio fundamental, de que había algo que no se podía transmutar mediante las operaciones alquímicas, teoría que se concreta por vez primera como idea especulativa en la obra de Boyle,  y que es luego demostrada experimentalmente por  Lomonosov y Lavoisier.

Sólo la desintegración artificial y la química nuclear han vuelto a actualizar el tema de la unidad de la materia, mostrando cómo pueden superarse las barreras que se oponían a la transmutación de los elementos.

Se deben también a los alquimistas importantes trabajos en la medición de los pesos de los gases, las propiedades de ciertas sustancias alcalinas utilizadas en farmacia y el diseño de algunos instrumentos de medida, como el termómetro o el barómetro, en sus versiones iniciales más rudimentarias.

Prueba para saber si estás hechizado o te han echado mal de ojo.

Esta prueba debe realizarse sólo cuando se sospecxha que alguien ha realizado un conjuro contra ti, o que estás hechizado pro alguna razón.

Son necesarios:

 1.- Dos botes de cristal de medio litro aprox., con tapadera.

2.- Dos fotografías tuyas, tamaño carnet

 3.- Agua bendita (puede conseguirse en la pila de cualquier iglesia. Robarla tiene un coste espiritual y no debe hacerse a la ligera. Se trata del robo de un objeto sagrado.)

 4.-Sal, prefriblemente gruesa.

Se debe llenar uno de los botes de cristal con agua bendita y el otro con agua corriente, si es posible sin cloro, y una pizca de sal. Sería buena idea que marcaras los botes con una etiqueta para distinguirlos luego.
Después,  se mete una fotografía en cada bote y a continuación se cierran lo mejor posible.

Hay que dejar los botess durante 10 días en un lugar seco, fresco y oscuro; por ejemplo el fondo de un armario que no utilices mucho, o en un rincón de la despensa con una tela por encima. Es muy importante que no les dé la luz en ningún caso.

Al undécimo díaa, saca de nuevo los botes de donde los pusieras y saca de ellos las fotografías. Obsérvalas atentamente a plena luz del día, comparándolas la una con la otra. Si ambas imágenes están iguales y no se nota diferencia alguna entre una y otra, no corres peligr y puedes estar tranquilo: no estás ni hechizado, ni embrujado, ni nada parecido.

 En cambio, si la imagen de la foto que estaba en el agua bendita se ha borrado o desvanecido mucho más que la otra, alguien te ha hechizado, ya sea para bien o para mal.

Para evitar desconfianzas químicas insistimos en que se use agua sin cloro, proque de lo contrario podría ser este agente químico el responsable de la diferencia.

ENS ASTRALE

Dice Paracelso: “Los astros en el cielo no forman al hombre.  El hombre procede de dos principios: el “Ens Seminis” (el esperma masculino) y el “Ens virtutis” (el  INTIMO). Tiene por tanto dos naturalezas: Una corpórea y otra espiritual y cada una de ellas requiere su digestión (matriz y nutrición)”.

 

“Así como el útero de la madre es el mundo que rodea al niño y del cual el feto recibe su nutrición, de la propia manera la naturaleza, de la cual el cuerpo terrestre del hombre recibe las influencias que actúan  en su organismo, el “Ens Astrale” es algo que no vemos pero que nos contiene a nosotros y a todo lo que vive y tiene sensación.  Es lo que contiene al aire y del cual viven todos los elementos y los simbolizamos con “M” (misterium)”.  (Paramirum Lib. 1)

 

Aquí nos habla claramente el gran Teofastro de la luz astral de los kabalistas, del ázoe y la magnesia de los antiguos alquimistas, del Dragón volador de Medea, del INRI de los cristianos y del Tarot de los Bohemios.

 

Ya llegó la hora en que la “Biocenosis” estudie a fondo el gran agente universal de vida, la luz astral y su “selbe et coagula”, representados en el macho cabrío de Méndez.

 

La luz astral es la base de todas las enfermedades y la fuente de toda vida.  Toda enfermedad, toda epidemia tiene sus larvas astrales, que, al coagularse en el organismo humano, producen la enfermedad.

 

En el templo de Alden, los Maestros sientan a sus enfermos en un sillón, bajo luz amarilla, azul y roja.  Estos tres colores primarios sirven para hacer visibles en el cuerpo astral las larvas de la enfermedad.

 

Después de que los Maestros extraen estas larvas del cuerpo astral del paciente, tratan este organismo con innumerables medicamentos.

 

Sano ya el cuerpo astral, el cuerpo físico sanará matemáticamente, porque antes de que enfermasen los átomos físicos de un órgano, enferman los átomos “internos” del mismo órgano.  Curada la causa, curase el efecto.

 

Toda persona enferma puede escribir una carta al templo de Alden, y recibirá ayuda de los médicos Gnósticos.  La carta debe ser escrita por el interesado, y quemarse luego por él mismo, después de haberse perfumado con incienso, en el propio acto.

 

La carta astral o alma de la carta quemada, irá al templo de Alden.  Los Maestros de la sabiduría leerán la carta y asistirán al enfermo.

 

Debemos tener nuestras casas aseadas, tanto en lo físico como en lo astral.  Los depósitos de basura están siempre llenos de larvas infecciosas.  Hay sustancias odoríferas que queman las larvas o las arrojan fuera de la casa.  El frailejón es una planta que utilizan los indios Arhuacos para desinfectar sus casas.  Se puede también hacer la desinfección con belladona, alcanfor y azafrán.

 

Minerva, la Diosa de la Sabiduría, esteriliza los microbios del aposento del enfermo con cierto elemento alquímico que irradia mediante sistema especial.  Esto les impide reproducirse.

 

También tiene Minerva un lente cóncavo, que aplica al órgano del enfermo, estableciendo así un foco de magnetismo perenne que produce la curación.

 

Debemos evitar el trato con personas malvadas, pues esas personas son centros de infección astral.

¿HAY DIFERENCIAS DE GENERO EN EXCITABILIDAD?

Entre los intentos más directos por examinar las posibles diferen­cias de género en excitabilidad frente a estímulos eróticos, se en­cuentran dos estudios realizados por Fisher y Byrne (1978). En el primer estudio, los sujetos (30 hombres y 32 mujeres, todos uni­versitarios solteros) observaron una película sin sonido de 10 mi­nutos, en la cual una pareja se desnudaba y se involucraba en diversas caricias sexuales manuales y orales hasta alcanzar el orgas­mo, y a continuación ellos debían informar sobre sus reacciones tanto fisiológicas como afectivas y evaluativas frente a la película. Un aspecto adicional interesante en este estudio fue que, a pesar que todos los sujetos eran expuestos a la misma película, se indu­cía en ellos una distinta disposición temática mediante la explica­ción previa. Así, a algunos se les decía que se trataba de una pareja recién casada y muy enamorada (tema afectivo), mientras que al resto se les decía que se trataba de un cliente y una prostituta (tema libidinoso). Esto se hizo con el fin de examinar lo que ha­bían informado otros autores, en el sentido que las mujeres eran más excitables frente a temas erótico-románticos mientras que los hombres se excitaban más frente a temas puramente libidinosos o menos afectivos.

Los resultados obtenidos en este primer estudio revelaron que no hubo diferencias significativas en el nivel de excitación sexual informado por hombres y mujeres, y que además dentro de cada sexo no hubo variaciones en las reacciones al tema afectivo y al tema libidinoso, tanto a nivel fisiológico como evaluativo. Es de­cir, y contrariamente a lo que habían planteado otros autores, ni hombres ni mujeres informaron reacciones diversas de excitación frente a temas eróticos de amor o de “lujuria”. Sin embargo, en otras variables consideradas se observaron diferencias entre hombres y mujeres. Así, las mujeres presentaban mayor tendencia a rotular la película como pornográfica, y se mostraban más a favor de res­tringir la disponibilidad de ese tipo de material. En cuanto a algu­nos antecedentes personales, sexuales, y a pesar que el nivel de experiencia heterosexual era similar para ambos sexos, las mujeres de la muestra informaron que se habían expuesto menos a mate­riales eróticos, que se excitaban menos frente a tales estímulos, se masturbaban menos frecuentemente, y disfrutaban menos la esti­mulación oral-genital en comparación con los hombres.

El segundo estudio de los mismos autores tuvo como objetivo examinar la generalización de los hallazgos anteriores a otras mues­tras y a otros estímulos, y en este caso los sujetos fueron 36 parejas jóvenes casadas, y en la mayoría de los casos al menos uno de los cónyuges era estudiante universitario(a). El procedimiento fue si­milar al estudio anterior, con algunas diferencias como las siguien­tes: (a) algunos sujetos vieron una película de caricias (donde una pareja se desnudaba sólo parcialmente y se involucraba en caricias sexuales manuales sin alcanzar el orgasmo), mientras los otros veían una película de coito (una pareja se involucraba en caricias sexua­les manuales y orales, y coito en diferentes posiciones); (b) ambas películas eran precedidas de una explicación previa destinada a inducir una disposición temática de tipo afectivo o libidinoso (como en el estudio anterior) o una tercera condición adicional de sexo casual, donde se les decía que se trataba de una pareja que se había conocido recién en un baile y se habían sentido fuertemente atraí­dos de inmediato. Este tema de sexo casual fue agregado para proporcionar un escenario más socialmente aceptado que el de la interacción prostituta-cliente, pero que al mismo tiempo fuera más libidinoso que afectivo. Las variables dependientes fueron las mismas del estudio anterior (reacciones fisiológicas, afectivas y evaluativas) y también se obtuvieron antecedentes personales y sexuales.

Tanto hombres como mujeres reportaron mayor excitación sexual frente al tema de sexo casual que frente a los temas afectivo y libidinoso, lo cual indica que la perspectiva de un encuentro sexual casual parece más excitante para ambos sexos que ya sea el sexo marital o el sexo pagado. Otros datos obtenidos fueron que, comparadas con las mujeres expuestas a la película de caricias, aquéllas expuestas a la película de coito reportaron mayor nivel de lubricación vaginal, en cambio en los hombres no se observaban diferencias significativas en las reacciones a ambos tipos de pelí­culas. En cuanto a otros antecedentes, en comparación con los hombres, las mujeres informaban haber sido menos excitadas por estímulos eróticos en el pasado, haber tenido menos parejas sexuales premaritales, disfrutar menos el coito, desaprobar más el sexo extramarital, creer más que el sexo debe darse en una relación de amor y creer más que su libre expresión sexual había sido inhibida por la culpa.

Según Fisher y Byrne (1978), los datos obtenidos en estos es­tudios sugieren que, contrario a una extendida creencia, el énfasis afectivo o romántico no sería una precondición para que las mu­jeres se exciten sexualmente frente a estímulos eróticos. Sin em­bargo, también sus datos mostraron que era más probable que las mujeres evaluaran esos estímulos como pornográficos, favorecie­ran la restricción de tales materiales, informaran haber tenido me­nos contacto con ellos y haber sido menos excitadas por ellos. Esto hace concluir a los autores que existe una contradicción no­toria entre las expresiones de desinterés de las mujeres por los estímulos eróticos, y el hecho que reaccionan de manera similar a los hombres frente a ellos, lo cual se puede atribuir a las restriccio­nes sociales y culturales impuestas a la expresión de la excitación sexual femenina.

Otro estudio que examinó específicamente las respuestas de hombres y mujeres ante materiales eróticos, y que obtuvo resulta­dos similares a los recién expuestos, es el informado por Heiman en 1975 (citado en Hyde, 1995). En este caso a los sujetos (estu­diantes universitarios) no se les mostraba películas sino que se les hacía escuchar grabaciones de relatos de interacciones heterosexua­les, y se obtenían tanto sus valoraciones psicológicas como sus reacciones fisiológicas de excitación sexual, estas últimas median­te el uso de pletismógrafo peneano y vaginal. Las variables mani­puladas fueron: (a) el contenido del relato, (b) si era el hombre o la mujer quien iniciaba las actividades descritas en el relato, y (c) si la descripción del relato estaba centrada en las reacciones físicas y psicológicas del hombre o de la mujer. Respecto al contenido de los relatos, existían cuatro condiciones: relato erótico (con des­cripciones explícitas de prácticas sexuales), relato romántico (con expresiones mutuas de afecto y sin actividades sexuales), relato erótico-romántico (con expresiones de afecto y actividades sexuales explícitas) y control (una pareja conversando, sin elementos eróti­cos ni románticos).

Los resultados mostraron que tanto los hombres como las mu­jeres mostraban alta excitación sexual (psicológica y fisiológica) frente a las descripciones que contenían sexo explícito, esto es, relato erótico y erótico-romántico, y no mostraban excitación frente al relato romántico y a la condición control. Este hallazgo contra­dice la creencia de que las mujeres se excitan más por contenidos románticos, mientras que los hombres son más excitables por con­tenidos de sexo explícito. Además se informó que tanto los hom­bres como las mujeres encontraban más excitantes los relatos cuyas acciones eran iniciadas por la mujer y los relatos que se centraban en las reacciones de la mujer. Por último, también se observó que en una proporción significativa de mujeres no existía correspon­dencia entre la excitación fisiológica y la psicológica, es decir, aun­que la medición fisiológica mostraba índices claros de excitación sexual, algunas mujeres informaban no sentirse especialmente ex­citadas. En cambio en los hombres se observaba una total corres­pondencia entre los índices fisiológicos (erección) y el reporte subjetivo de excitación.

La baja correlación que encontró Heiman entre las medidas fisiológicas y el auto-informe de excitación en las mujeres puede explicarse en parte por procesos atencionales o cognitivos, como se sugiere en un estudio informado en 1983 por Korff y Geer (citado en Hyde, 1994). En dicho estudio se expuso a mujeres a diapositivas eróticas y se midió su excitación sexual tanto a través de medidas fisiológicas como por el autoinforme, existiendo tres condiciones (dos experimentales y una control). A las mujeres de un grupo experimental se las instruyó para prestar atención a sus sensaciones genitales de excitación sexual (lubricación vaginal, calor pélvico), a aquéllas del otro grupo experimental se las instruyó para prestar atención a sus sensaciones extragenitales de excita­ción sexual (aumento de frecuencia cardíaca, erección de los pe­zones), mientras que a aquéllas del grupo control no se les dio instrucciones. Se encontró que ambos grupos experimentales mostraban alta correlación entre las medidas fisiológicas y el auto­informe de excitación, mientras que el grupo control mostraba la misma baja correlación que informó Heiman.

Por lo tanto, al parecer las mujeres pueden ser bastante precisas en percibir su excitación física si son instruidas para focalizar la atención en sus manifestaciones. Sin embargo, la cultura no pro­porciona a las mujeres tales instrucciones, sino que les dice que deben enfocar su atención en el amor, el romance o la pareja, por lo cual muchas mujeres no aprenden a focalizar su atención en su cuerpo. La menor correspondencia entre excitación sexual fisioló­gica y psicológica en las mujeres es algo también encontrado en otros estudios, y constituye una de las muchas diferencias que

parecen existir entre la sexualidad femenina y la masculina. Ade­más, puede constituir un factor importante para explicar la ma­yor prevalencia en las mujeres de las disfunciones relacionadas con el deseo y la excitación sexual. Y aunque a un nivel simplista se puede pensar que esta diferencia deriva en gran medida de ra­zones anatómicas, al mismo tiempo sería un indicador de la ma­yor complejidad y multideterminación que parece tener la expe­riencia de excitación sexual de las mujeres en comparación con la de los hombres.

La existencia de mayores diferencias de género en los aspectos psicológicos más que fisiológicos de la excitación sexual frente a estímulos eróticos, también se aprecia en algunos datos del estu­dio de Becker y Byrne (1985), el cual no estaba dirigido específi­camente a comparar las reacciones de hombres y mujeres. En este estudio realizado con universitarios, los sujetos observaban una serie de 21 diapositivas a color con imágenes de parejas hetero­sexuales desnudas y semidesnudas involucradas en contacto ma­nual-genital, oral-genital y coito en diversas posiciones. A dife­rencia de la mayor parte de los estudios, en este caso cada sujeto -quien estaba solo(a) en una pieza- controlaba el inicio y el tér­mino de la proyección de cada diapositiva, y este tiempo de expo­sición era registrado sin que los sujetos lo supieran, ya que ésa era una de las variables consideradas. Al terminar de ver todas las diapositivas, los sujetos contestaban una escala de 26 adjetivos bipolares indicando cómo se habían sentido mientras observaban las diapositivas, e indicaban en una escala de 1 a 7 cuál había sido su nivel de reacción fisiológica sexual más intensa durante la exposición a los estímulos eróticos.

Se encontró que, aunque no se observaban diferencias de gé­nero en los autoinformes de excitación sexual fisiológica, sí exis­tían en otros aspectos. Así, los hombres presentaban un mayor tiempo promedio de exposición a las diapositivas que las mujeres (4.6 seg. y 2.7 seg. respectivamente), informaban reacciones afectivas más positivas, mayor excitación sexual psicológica, y ma­yor involucración personal en la tarea.

La mayor discrepancia en las mujeres entre la excitación frente a estímulos sexuales y su valoración de tal experiencia, también es señalada por Eysenck y Wilson (1981), quienes expresan “aunque las mujeres puedan responder fisiológica y psicológicamente con tanta fuerza como los hombres ante las representaciones eróticas, su valoración del tema es muy diferente: ellas manifiestan una molestia y un desagrado mucho mayores, preferirían que tales exhibiciones fuesen censuradas, y declaran que les divierte mucho menos” (p. 37). Aunque esto pudiera parecer paradójico, también en muchos hombres existiría una disociación entre excitación y valoración, es decir, pueden sentirse excitados ante ciertos tipos de pornografía y al mismo tiempo experimentar molestia, recha­zo u otras emociones negativas. Como también señalan Eysenck y Wilson (1981), “la excitación física es sólo una de las numerosas reacciones ante lo erótico, y las demás reacciones pueden poseer una mayor importancia psicológica. Todos reaccionamos de for­ma similar bajo una ducha fría, pero mientras que a algunos les gusta, otros la detestan: las reacciones psicológicas no están pre­determinadas por las fisiológicas” (p. 37).

REGLAS PARA LA MAGIA

 REGLA UNO

 

El Ángel Solar se recoge en sí mismo, no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo.

 

REGLA DOS

 

Cuando la sombra ha respondido, el trabajo prosigue en profunda meditación. La luz inferior es proyectada hacia arriba; la luz su­perior ilumina a los tres, y el trabajo de los cuatro prosigue.

 

REGLA TRES

 

La Energía circula. El punto de luz, producto de la labor de los cuatro, crece y aumenta. Miríadas se reúnen en torno de su calor resplandeciente, hasta que merma su luz y su fuego disminuye. Después será emitido el segundo sonido.

 

REGLA CUATRO

 

El sonido, la luz, la vibración y la forma se entremezclan y fusio­nan, y así el trabajo es uno. Prosigue de acuerdo a la ley, y nada puede impedir que avance el trabajo. El hombre respira profun­damente. Concentra sus fuerzas y arroja de sí la forma mental.

 

REGLA CINCO

 

Tres cosas preocupan al Ángel Solar antes de que la envoltura creada descienda; la condición de las aguas, la seguridad de aquél que así crea y la constante contemplación. De ese modo están aliados para el triple servicio, el corazón, la garganta y el ojo.

 

REGLA SEIS

 

Cuando el ojo se abre, los devas de los cuatro inferiores sienten la fuerza, son expulsados y pierden a su amo.

 

REGLA SIETE

 

Las fuerzas duales son vistas en el plano donde debe descubrirse­ el poder vital; los dos senderos enfrentan al Ángel Solar; los polos vibran. Aquél que medita debe hacer una elección.

 

REGLA OCHO

 

Los Agnisurias responden al sonido. El flujo y el reflujo de las ­aguas. Que el mago cuide de no ahogarse en el punto donde la tierra y el agua se unen. El punto medio, que no es seco ni hú­medo, debe proporcionar el lugar donde él asiente sus pies. Donde se unen el agua, la tierra y el aire, ése es el lugar en que debe hacerse el trabajo mágico.

 

REGLA NUEVE

 

Después sobreviene la condensación. El fuego y las aguas se en­cuentran; la forma se dilata y crece. Que el mago ubique su forma en el sendero apropiado.

 

REGLA DIEZ

 

A medida que las aguas bañan la forma creada, éstas son absorbi­das y utilizadas. La forma acrecienta su fuerza; que el mago con­tinúe hasta que su trabajo sea suficiente. Que los constructores ex­ternos cesen su trabajo y los constructores internos inicien su ciclo.

 

REGLA ONCE

 

Aquel que trabaja con la ley, tiene ahora que llevar a cabo tres co­sas: Primeramente, descubrir la fórmula que confine las vidas den­tro de la muralla esferoidal; luego, pronunciar las palabras que le expresen a esas vidas qué deben hacer y dónde llevar lo que ha sido hecho; finalmente, pronunciar la frase mística que lo salvaguardará de su trabajo.

 

REGLA DOCE

 

La trama palpita. Se contrae y dilata. Que el mago se apodere del punto medio a fin de liberar a esos “prisioneros del planeta” cuya nota está correcta y exactamente afinada con aquello que debe ser hecho.

 

                                                REGLA TRECE

 

El mago debe reconocer a los cuatro; observar en su trabajo el tono violeta que evidencian, y así construir la sombra. Cuando esto ocurre, la sombra se reviste a sí misma y los cuatro se convierten en siete.

 

REGLA CATORCE

 

El sonido aumenta. Se acerca la hora del peligro para el alma valerosa. Las aguas no han dañado al creador blanco y nada pue­de ahogarlo ni mojarlo. Ahora amenaza el peligro del fuego y de las llamas, sin embargo se observa tenuemente el humo que se eleva. Que él, después del ciclo de paz, acuda nuevamente al Ángel Solar.

 

REGLA QUINCE

 

Los fuegos se acercan a la sombra, sin embargo no la queman. La envoltura del fuego se ha terminado de construir. Que el mago entone las palabras que fusionan el fuego y el agua.

El éxtasis sexual (tantra)

El EXTASIS  es  una  experiencia incomunicable, es algo místico y a

la vez sexual. Son dos aspectos de una misma cosa. La energía que produce

el éxtasis sexual, es la misma que nos lleva al éxtasis místico.

Decíamos anteriormente que en la energía sexual está la imágen de

nuestra perfección, lo que en la kábala se llama  el ADAM  KADMON. Cuando

no perdemos la energía sexual, esta retorna hacia adentro y hacia arriba,

para

formar nuestros vehículos superiores de conciencia, los cuerpos internos.

Una vez formados estos cuerpos  internos, el hombre entra en una

dimensión de la vida totalmente desconocida para  la humanidad. Pero la

cristalización de este nuevo hombre es toda una creación, una creación que

se asemeja a la formación del universo, ya que somos un universo.

La vivencia de lo sexual como una comunión espiritual con nuestra pareja

nos permite fusionarnos con nuestro Dios interno, con la totalidad, con eso

que nunca dejamos de ser, la ETERNIDAD.

El semen podría contener una droga

orgasmo-mujerSegún científicos de Singapur (lo siento, pero desconozco el gentilicio de Singapur) el semen humano podría contener un principio activo de diversos efectos hasta ahora desconocidos, entre los que se encontraría la adicción y cierta capacidad tonificante.

Por lo visto, este principio activo, del que no ha trascendido el nombre, no estaría presente en el esperma de todos los varones, sino sólo en el de algunos, y sería el responsable de que para algunas mujeres no sean igual de satisfactorias las relaciones sexuales cuando se utiliza el preservativo.

Son ya muy numerosos los estudios que hablan de las propiedades nutritivas del semen, pero al ser tan ínfima su cantidad siempre se consideraron en cierto modo despreciables. En cambio, de confirmarse esta hipótesis, quedaría explicada de manera bioquímica la razón por la que algunas mujeres parecen senirse tonificadas por las relaciones sexuales más allá de dus propias sensaciones. Además, siendo innegable que en las realciones sexuales es la mujer la que arriesga más energía desde el punto de vista biológico, parece razonable que la naturaleza haya desarrollado un mecanismo que potencie su deseo, o reduzca de algún modo su aversión al riesgo. 

Según el equipo investigador, este mecanismo serviría también a los varones para conservar la fidelidad de su pareja, pues podría tratarse de una sustancia casi única en cada sujeto, por lo que la compañera no vería satisfecha su adicción más que volviendo a tener relaciones con el mismo individuo u otro que generase una susatancia lo bastante parecida para inhibir la abstinencia.

Todavía no hay nada demostrado, pero la tesis encaja perfectamente en los sistemas habituales de la naturaleza, basados en la retribución y penalización de las conductas, por lo que en principio nos parece cuando menos posible ty nos hacemos eco de la noticia.

 Algunas culturas antiguas, asiáticas sobre todo, hablaban ya de esta posibilidad y de los efectos rejuvenecedores del esperam, atribuyendo a la promiscuidad de algunas mujeres su eterna juventud.

De momento no sabemos si es ciencia o magia: vosotros y el tiempo juzgaréis.

El Tío Mantequero De Málaga (un ritual satánico)

  
 
 El Crímen del Martinete, como fue llamado por la prensa de principios del siglo XX, puso de manifiesto a la sociedad y autoridades del momento la realidad de un nuevo tipo homicida. Aquel asesinato sembró de indignación primero y, posteriormente, inquietud las calles de la ciudad de Málaga. Un episodio que certificaba la realidad de un tipo de asesinos capaces de sesgar la vida de niños y niñas para obtener su grasa y sangre a cambio de unos reales… 
 
 Málaga vivía la calma de aquel caluroso mes de agosto de 1913. Las tertulias en el Pimpi o en cualquiera de los cafés, como el de Chinitas, al amparo de un vino de los montes, giraban en torno a las acciones de nuestras tropas en África y al mano a mano que tendría lugar en el coso de Antequera entre dos figuras del toreo: Paco Madrid y Joselito el Gallo, con ganado del Marqué de Guadalest, mediarían su arte y valor en el ruedo.

Ajeno a todo ello, Manolito Sánchez, un jovenzuelo alegre y pícaro, jugaba en la calle como otro día cualquiera mientras sus padres regentaban el puesto ambulante que tenían frente al cine Pascualini. La humilde familia parecía estar de enhorabuena. Los diferentes estrenos, como “La Catástrofe del Titanic” en la sala Ideal, auguraban un aumento en las ventas y, en consecuencia, algún dinero con el que poder comprar comida al final del día.

Había caído la noche aquel 7 de agosto de 1913 cuando Manolito decidió aceptar la invitación de un desconocido con el que acababa de toparse mientras correteaba por las céntricas calles malagueñas. La recompensa que le había prometido por indicarle el camino a dirección cercana merecía la pena. Confiado, anduvo por el Paseo del Heredía hasta que al llegar a la tapia de la hoy desaparecida Fundición del Martinete, junto a unos cañaverales, no tuvo tiempo de reaccionar cuando el individuo se abalanzó sobre él.

Un silencio sobrecogedor se adueñó del lugar al mismo tiempo que era un instante se escucharon siete chasquidos pertenecientes a los resortes de una navaja. El frío filo de un cuchillo rondeño se hundió en el cuello del infante y cortó su piel desde la garganta hasta la columna vertebral. La noche se tiñó de púrpura cuando la sangre del inocente, brillante y caliente, cayó a borbotones en un recipiente de hojalata…
EL CRIMEN DEL MARTINETE

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La familia Sánchez se dio cuenta de la falta del niño al final del ajetreado día. Nadie sabía dónde podía haber. No era una situación normal y la preocupación hizo que las búsquedas del adolescente -por la ciudad y sus alrededores- se convirtieran en una tarea incansable desde el mimo momento en que se tuvo constancia de su desaparición. Las batidas de las cuadrillas de hombres y agentes de la ley terminaron tres días más tarde de la desaparición del joven cuando se halló un cuerpo, en avanzado estado de descomposición en las cercanías del Coto de las Cañas del Cañaveral.

El 13 de agosto de 1913, rotativos como “La Unión Mercantil” se hacía eco del macabro hallazgo en primer plana. Una noticia que, bajo el titular “Se desvaneció el misterio. Es un infanticidio”, confirmaba las sospechas que muchos ciudadanos tenían sobre la intención oscura y sombría que parecía ocultarse tras la maquiavélica acción.

“Estábamos convencidos -rubricaron los reporteros del diario- desde que tuvimos noticia de la aparición del cadáver del desgraciado niño Manuel Sánchez, y conociendo algunos detalles de su vida y desaparición, que su muerte no se debía a un accidente casual, sino a una mano alevosa, que cruel y despiadadamente ha sesgado la existencia del pequeño. Los hechos han dado la razón a esa sospecha que casi era una incertidumbre”.

Los datos que rodeaban su muerte no hicieron sino que surgieran los interrogantes ¿Quién, cómo, dónde y por qué lo hicieron?

 

 
“las primeras hipótesis apuntaban que al chiquillo se le había raptado con algún engaño para posteriormente ser asesinado al final del Paseo Heredia donde, tras abusar de él y debido a la resistencia que debió poner el pequeño, fue finalmente degollado.” 

 
OBJETIVO: “EL HOMBRE DE LA VARITA”

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Los médicos forenses don Juan Ramírez Pérez y don Francisco Cazorla, ayudados por el practicante don Sebastián Delgado y ante la presencia del juez instructor suplente del distrito de Santo Domingo, don Miguel Segura, constataron en sus informes que el chiquillo había sido asesinado. Su cuerpo presentaba un corte en el cuello, de entre ocho y diez centímetros -no dieciocho centímetros como algunos divulgadores han informado- que llegaba hasta la columna vertebral. El adolescente llevaba muerto varios días. Y las primeras hipótesis apuntaban que al chiquillo se le había raptado con algún engaño para posteriormente ser asesinado al final del Paseo Heredia donde, tras abusar de él y debido a la resistencia que debió poner el pequeño, fue finalmente degollado.

Las autoridades no dudaron en tomar medidas drásticas. Los agentes, comandados por el inspector provincial, Joaquín Ramírez, el capitán de la Guardia Civil Antonio Ruiz Jiménez y el teniente de la Benemérita Antonio Fernández Álvarez, coordinados y dirigidos por el juez Segura, abrieron la investigación sobre el singular homicidio.

“Todo es un misterio -afirmó el magistrado Segura a la prensa-. Hoy tomare declaración de nuevo a los padres de Manuel, a algunos chumberos de los establecimientos próximos al Pascualini, a Sebastián Morilla y a otros empleados del cine. Allá veremos si algunas de las declaraciones nos dan alguna luz que aclare este suceso misterioso como pocos los son”.

Los esfuerzos policiales pronto surtieron efecto y, gracias a las confesiones del adolescente Miguel Lozano Huesca, se llevó a cabo la detención del presunto secuestrador y criminal.

Mientras a las cinco de la tarde del 14 de agosto de 1913 se enterraba en el cementerio de San Miguel -zanja número 353, parcela E- a Manolito Sánchez, era preso Francisco Treviño Frías, un enigmático personaje, de profesión desconocida y apodado por la prensa como “el hombre de la varita”.

Más de veinte personas prestaron declaración en los despachos policiales y judiciales durante las siguientes semanas. Y, gracias, a los testimonios recabados, las fuerzas de seguridad se encontraron en callejón sin salida. Treviño, a pesar de tener problemas mentales, no había sido el responsable del infanticidio. Era inocente y ante la falta de pruebas, el procesamiento fue sobreseído.
MESES DE TEMOR ANTES DEL HORROR

Transcurrieron seis meses de silencio. Un tiempo de temor en las calles, ya que nunca antes se había producido un asesinato de esas características en la historia de la criminalidad malagueña. La urbe durante meses una tensa calma. Todo apuntaba a que el autor o autores quedarían impunes. Pero todo cambió de forma inesperada. Dos hombres, José González Tovar, alias El Moreno, y Francisco Villalba España, apodado El Trapero, fueron detenidos como presuntos responsables del degollamiento del joven Manolito.

El periódico “El Popular. Diario Republicano” cubrió los nuevos descubrimientos que los agentes de la ley habían hallado. Surgieron de forma casual tras las manifestaciones de un hojalatero que había escuchado a dos malhechores su implicación en el episodio debido al mal efecto del vino en una taberna. Cuando todo parecía que quedaría en el olvido se abrió de nuevo el caso. Los interrogatorios a los protagonistas, severos y contundentes, se prolongaron durante varias jornadas en las dependencias de la Prisión Provincial por parte del juez Gómez Bellido.

El titular del juzgado de Santo Domingo acudió, casi diariamente, para interrogar a los reos. Los presos se mostraban férreos en su inocencia. Hasta que, pocos días después de su encarcelamiento, José González Tomar comenzó a derrumbarse psicológicamente. Parecía no aguantar el peso de su conciencia entre las cuatro parees de la celda en la que estaba encarcelado. Dejó de comer, lloraba a lo largo de todo el día y, lo más importante, las versiones que empezó a dar eran contradictorias en los careos de los presuntos asesinos según pasaban las jornadas.

Las diligencias llevadas por el magistrado Bellido y el fiscal García del Valle, finalmente se presentaron el 4 de marzo de 1914 ante el teniente de la Guardia Civil don Teobaldo Guzmán y el letrado y procurador don Miguel Mérida y don José Vila Contreras, respectivamente, que se habían personado como los responsables de la Junta Provincial de Protección de la Infancia.

José González Tovar mantuvo tres versiones distintas ante las autoridades, siempre con la misma firmeza y energía en sus manifestaciones. Finalmente fue condenado. El asunto quedó resuelto ante el espanto de la sociedad: mataron a Manuel Sánchez para conseguir su sangre que posteriormente fuera tomada por un aristócrata que acudió al lugar en un carruaje de color negro como la noche y del cual nunca se llegó a saber su nombre. Jamás se llegó a saber a ciencia cierta quien fue el bebedor de sangre que consumió el brebaje sanguinolento junto al cadáver del niño aunque todas las hipótesis -barajadas por la rumorología callejera de la época- señaló al torero Gómez Brailey como el máximo responsable del suceso. Un popular maestro de espadas cuyo tiempo de éxito ya había terminado debido a la tuberculosis que padecía y cuya enfermedad se convirtió en la excusa perfecta para acuchillar y desangrar al adolescente creyendo que bebiendo su sangre curaría su mal como así le habían aconsejados los curanderos que había visitado.

 
 Francisco Contreras Gil