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¿HAY DIFERENCIAS DE GENERO EN EXCITABILIDAD?

Entre los intentos más directos por examinar las posibles diferen­cias de género en excitabilidad frente a estímulos eróticos, se en­cuentran dos estudios realizados por Fisher y Byrne (1978). En el primer estudio, los sujetos (30 hombres y 32 mujeres, todos uni­versitarios solteros) observaron una película sin sonido de 10 mi­nutos, en la cual una pareja se desnudaba y se involucraba en diversas caricias sexuales manuales y orales hasta alcanzar el orgas­mo, y a continuación ellos debían informar sobre sus reacciones tanto fisiológicas como afectivas y evaluativas frente a la película. Un aspecto adicional interesante en este estudio fue que, a pesar que todos los sujetos eran expuestos a la misma película, se indu­cía en ellos una distinta disposición temática mediante la explica­ción previa. Así, a algunos se les decía que se trataba de una pareja recién casada y muy enamorada (tema afectivo), mientras que al resto se les decía que se trataba de un cliente y una prostituta (tema libidinoso). Esto se hizo con el fin de examinar lo que ha­bían informado otros autores, en el sentido que las mujeres eran más excitables frente a temas erótico-románticos mientras que los hombres se excitaban más frente a temas puramente libidinosos o menos afectivos.

Los resultados obtenidos en este primer estudio revelaron que no hubo diferencias significativas en el nivel de excitación sexual informado por hombres y mujeres, y que además dentro de cada sexo no hubo variaciones en las reacciones al tema afectivo y al tema libidinoso, tanto a nivel fisiológico como evaluativo. Es de­cir, y contrariamente a lo que habían planteado otros autores, ni hombres ni mujeres informaron reacciones diversas de excitación frente a temas eróticos de amor o de “lujuria”. Sin embargo, en otras variables consideradas se observaron diferencias entre hombres y mujeres. Así, las mujeres presentaban mayor tendencia a rotular la película como pornográfica, y se mostraban más a favor de res­tringir la disponibilidad de ese tipo de material. En cuanto a algu­nos antecedentes personales, sexuales, y a pesar que el nivel de experiencia heterosexual era similar para ambos sexos, las mujeres de la muestra informaron que se habían expuesto menos a mate­riales eróticos, que se excitaban menos frente a tales estímulos, se masturbaban menos frecuentemente, y disfrutaban menos la esti­mulación oral-genital en comparación con los hombres.

El segundo estudio de los mismos autores tuvo como objetivo examinar la generalización de los hallazgos anteriores a otras mues­tras y a otros estímulos, y en este caso los sujetos fueron 36 parejas jóvenes casadas, y en la mayoría de los casos al menos uno de los cónyuges era estudiante universitario(a). El procedimiento fue si­milar al estudio anterior, con algunas diferencias como las siguien­tes: (a) algunos sujetos vieron una película de caricias (donde una pareja se desnudaba sólo parcialmente y se involucraba en caricias sexuales manuales sin alcanzar el orgasmo), mientras los otros veían una película de coito (una pareja se involucraba en caricias sexua­les manuales y orales, y coito en diferentes posiciones); (b) ambas películas eran precedidas de una explicación previa destinada a inducir una disposición temática de tipo afectivo o libidinoso (como en el estudio anterior) o una tercera condición adicional de sexo casual, donde se les decía que se trataba de una pareja que se había conocido recién en un baile y se habían sentido fuertemente atraí­dos de inmediato. Este tema de sexo casual fue agregado para proporcionar un escenario más socialmente aceptado que el de la interacción prostituta-cliente, pero que al mismo tiempo fuera más libidinoso que afectivo. Las variables dependientes fueron las mismas del estudio anterior (reacciones fisiológicas, afectivas y evaluativas) y también se obtuvieron antecedentes personales y sexuales.

Tanto hombres como mujeres reportaron mayor excitación sexual frente al tema de sexo casual que frente a los temas afectivo y libidinoso, lo cual indica que la perspectiva de un encuentro sexual casual parece más excitante para ambos sexos que ya sea el sexo marital o el sexo pagado. Otros datos obtenidos fueron que, comparadas con las mujeres expuestas a la película de caricias, aquéllas expuestas a la película de coito reportaron mayor nivel de lubricación vaginal, en cambio en los hombres no se observaban diferencias significativas en las reacciones a ambos tipos de pelí­culas. En cuanto a otros antecedentes, en comparación con los hombres, las mujeres informaban haber sido menos excitadas por estímulos eróticos en el pasado, haber tenido menos parejas sexuales premaritales, disfrutar menos el coito, desaprobar más el sexo extramarital, creer más que el sexo debe darse en una relación de amor y creer más que su libre expresión sexual había sido inhibida por la culpa.

Según Fisher y Byrne (1978), los datos obtenidos en estos es­tudios sugieren que, contrario a una extendida creencia, el énfasis afectivo o romántico no sería una precondición para que las mu­jeres se exciten sexualmente frente a estímulos eróticos. Sin em­bargo, también sus datos mostraron que era más probable que las mujeres evaluaran esos estímulos como pornográficos, favorecie­ran la restricción de tales materiales, informaran haber tenido me­nos contacto con ellos y haber sido menos excitadas por ellos. Esto hace concluir a los autores que existe una contradicción no­toria entre las expresiones de desinterés de las mujeres por los estímulos eróticos, y el hecho que reaccionan de manera similar a los hombres frente a ellos, lo cual se puede atribuir a las restriccio­nes sociales y culturales impuestas a la expresión de la excitación sexual femenina.

Otro estudio que examinó específicamente las respuestas de hombres y mujeres ante materiales eróticos, y que obtuvo resulta­dos similares a los recién expuestos, es el informado por Heiman en 1975 (citado en Hyde, 1995). En este caso a los sujetos (estu­diantes universitarios) no se les mostraba películas sino que se les hacía escuchar grabaciones de relatos de interacciones heterosexua­les, y se obtenían tanto sus valoraciones psicológicas como sus reacciones fisiológicas de excitación sexual, estas últimas median­te el uso de pletismógrafo peneano y vaginal. Las variables mani­puladas fueron: (a) el contenido del relato, (b) si era el hombre o la mujer quien iniciaba las actividades descritas en el relato, y (c) si la descripción del relato estaba centrada en las reacciones físicas y psicológicas del hombre o de la mujer. Respecto al contenido de los relatos, existían cuatro condiciones: relato erótico (con des­cripciones explícitas de prácticas sexuales), relato romántico (con expresiones mutuas de afecto y sin actividades sexuales), relato erótico-romántico (con expresiones de afecto y actividades sexuales explícitas) y control (una pareja conversando, sin elementos eróti­cos ni románticos).

Los resultados mostraron que tanto los hombres como las mu­jeres mostraban alta excitación sexual (psicológica y fisiológica) frente a las descripciones que contenían sexo explícito, esto es, relato erótico y erótico-romántico, y no mostraban excitación frente al relato romántico y a la condición control. Este hallazgo contra­dice la creencia de que las mujeres se excitan más por contenidos románticos, mientras que los hombres son más excitables por con­tenidos de sexo explícito. Además se informó que tanto los hom­bres como las mujeres encontraban más excitantes los relatos cuyas acciones eran iniciadas por la mujer y los relatos que se centraban en las reacciones de la mujer. Por último, también se observó que en una proporción significativa de mujeres no existía correspon­dencia entre la excitación fisiológica y la psicológica, es decir, aun­que la medición fisiológica mostraba índices claros de excitación sexual, algunas mujeres informaban no sentirse especialmente ex­citadas. En cambio en los hombres se observaba una total corres­pondencia entre los índices fisiológicos (erección) y el reporte subjetivo de excitación.

La baja correlación que encontró Heiman entre las medidas fisiológicas y el auto-informe de excitación en las mujeres puede explicarse en parte por procesos atencionales o cognitivos, como se sugiere en un estudio informado en 1983 por Korff y Geer (citado en Hyde, 1994). En dicho estudio se expuso a mujeres a diapositivas eróticas y se midió su excitación sexual tanto a través de medidas fisiológicas como por el autoinforme, existiendo tres condiciones (dos experimentales y una control). A las mujeres de un grupo experimental se las instruyó para prestar atención a sus sensaciones genitales de excitación sexual (lubricación vaginal, calor pélvico), a aquéllas del otro grupo experimental se las instruyó para prestar atención a sus sensaciones extragenitales de excita­ción sexual (aumento de frecuencia cardíaca, erección de los pe­zones), mientras que a aquéllas del grupo control no se les dio instrucciones. Se encontró que ambos grupos experimentales mostraban alta correlación entre las medidas fisiológicas y el auto­informe de excitación, mientras que el grupo control mostraba la misma baja correlación que informó Heiman.

Por lo tanto, al parecer las mujeres pueden ser bastante precisas en percibir su excitación física si son instruidas para focalizar la atención en sus manifestaciones. Sin embargo, la cultura no pro­porciona a las mujeres tales instrucciones, sino que les dice que deben enfocar su atención en el amor, el romance o la pareja, por lo cual muchas mujeres no aprenden a focalizar su atención en su cuerpo. La menor correspondencia entre excitación sexual fisioló­gica y psicológica en las mujeres es algo también encontrado en otros estudios, y constituye una de las muchas diferencias que

parecen existir entre la sexualidad femenina y la masculina. Ade­más, puede constituir un factor importante para explicar la ma­yor prevalencia en las mujeres de las disfunciones relacionadas con el deseo y la excitación sexual. Y aunque a un nivel simplista se puede pensar que esta diferencia deriva en gran medida de ra­zones anatómicas, al mismo tiempo sería un indicador de la ma­yor complejidad y multideterminación que parece tener la expe­riencia de excitación sexual de las mujeres en comparación con la de los hombres.

La existencia de mayores diferencias de género en los aspectos psicológicos más que fisiológicos de la excitación sexual frente a estímulos eróticos, también se aprecia en algunos datos del estu­dio de Becker y Byrne (1985), el cual no estaba dirigido específi­camente a comparar las reacciones de hombres y mujeres. En este estudio realizado con universitarios, los sujetos observaban una serie de 21 diapositivas a color con imágenes de parejas hetero­sexuales desnudas y semidesnudas involucradas en contacto ma­nual-genital, oral-genital y coito en diversas posiciones. A dife­rencia de la mayor parte de los estudios, en este caso cada sujeto -quien estaba solo(a) en una pieza- controlaba el inicio y el tér­mino de la proyección de cada diapositiva, y este tiempo de expo­sición era registrado sin que los sujetos lo supieran, ya que ésa era una de las variables consideradas. Al terminar de ver todas las diapositivas, los sujetos contestaban una escala de 26 adjetivos bipolares indicando cómo se habían sentido mientras observaban las diapositivas, e indicaban en una escala de 1 a 7 cuál había sido su nivel de reacción fisiológica sexual más intensa durante la exposición a los estímulos eróticos.

Se encontró que, aunque no se observaban diferencias de gé­nero en los autoinformes de excitación sexual fisiológica, sí exis­tían en otros aspectos. Así, los hombres presentaban un mayor tiempo promedio de exposición a las diapositivas que las mujeres (4.6 seg. y 2.7 seg. respectivamente), informaban reacciones afectivas más positivas, mayor excitación sexual psicológica, y ma­yor involucración personal en la tarea.

La mayor discrepancia en las mujeres entre la excitación frente a estímulos sexuales y su valoración de tal experiencia, también es señalada por Eysenck y Wilson (1981), quienes expresan “aunque las mujeres puedan responder fisiológica y psicológicamente con tanta fuerza como los hombres ante las representaciones eróticas, su valoración del tema es muy diferente: ellas manifiestan una molestia y un desagrado mucho mayores, preferirían que tales exhibiciones fuesen censuradas, y declaran que les divierte mucho menos” (p. 37). Aunque esto pudiera parecer paradójico, también en muchos hombres existiría una disociación entre excitación y valoración, es decir, pueden sentirse excitados ante ciertos tipos de pornografía y al mismo tiempo experimentar molestia, recha­zo u otras emociones negativas. Como también señalan Eysenck y Wilson (1981), “la excitación física es sólo una de las numerosas reacciones ante lo erótico, y las demás reacciones pueden poseer una mayor importancia psicológica. Todos reaccionamos de for­ma similar bajo una ducha fría, pero mientras que a algunos les gusta, otros la detestan: las reacciones psicológicas no están pre­determinadas por las fisiológicas” (p. 37).

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